Dramaturgos de la UNAL ganan el Premio Nacional de Dramaturgia 2025

 En un significativo reconocimiento al talento emergente y a la innovación en las letras escénicas, dos egresados de la Maestría en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) fueron galardonados con el Premio Nacional de Dramaturgia 2025, otorgado en el marco de los Premios Nacionales de Cultura, la máxima distinción que otorga el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes (Minculturas). Sebastián Illera Sarmiento, de Bogotá, y María Alejandra Morales Serna, de Cali, destacaron entre los creadores del país, evidenciando el impacto de la formación académica en la consolidación de nuevas narrativas para el teatro colombiano.


La ceremonia de premiación, celebrada el pasado 4 de diciembre en el Museo Nacional de Colombia, no solo destacó trayectorias consolidadas a través de los Premios Vida y Obra, sino que además puso el foco en la potencia de la creación contemporánea. En el campo de la dramaturgia, el jurado reconoció dos propuestas estéticas y con temáticas distintas pero igualmente poderosas, ambas gestadas en las aulas y los procesos de investigación de la UNAL.

Sebastián Illera Sarmiento y María Alejandra Morales Serna, formados en la Maestría en Escrituras Creativas de la UNAL, han sido reconocidos por obras que, aunque disímiles en forma y fondo, comparten un profundo compromiso con el oficio de escribir para la escena.

Este doble logro no es una casualidad sino el reflejo del crucial papel que juegan los espacios de formación especializada en la incubación de talento. En una ceremonia que exaltó la diversidad cultural del país –desde las cocinas tradicionales hasta la música ancestral–, el teatro encontró sus voces de vanguardia en dos creadores que desde la academia consolidaron su lenguaje propio.

La voz femenina que retrata las luchas del Valle

La actriz María Alejandra Morales Serna, licenciada en Arte Dramático de la Universidad del Valle, encontró en la Maestría en Escrituras Creativas con énfasis en Dramaturgia de la UNAL la estructura y las bases para reafirmar el oficio. “Este paso académico fue vital para mí, pues me proporcionó nuevos referentes, lenguajes y panoramas que fortalecieron mi técnica y mi visión artística”, señala la escritora, cuya obra “Malacaña”, galardonada con el Premio, también fue su trabajo final de la Maestría.

Dicho texto dramático trasciende lo anecdótico para convertirse en un retrato profundo de una región y sus luchas. “Más allá de lo individual o familiar, la obra explora la búsqueda de dignidad, mejores condiciones de vida y reparación en un contexto marcado por conflictos socioeconómicos. Es un retrato de la región, de sus luchas y de la búsqueda de la dignidad”, explica la licenciada Morales.

Su triunfo adquiere un plus adicional relevante por ser la única mujer entre los ganadores del Premio Nacional de Dramaturgia. “Creo que la voz femenina es muy importante en la dramaturgia”, subraya, reivindicando su lugar como una escritora joven y emergente. Su enfoque se orienta hacia lo popular y lo criollo, con una voz que ella misma describe como “transgresora y en constante búsqueda de un estilo que incorpore tanto el aprendizaje técnico-literario como las resonancias del mundo que nos rodea”.

María Alejandra trabaja con comunidades en Cali a través de proyectos con secretarías locales, y no divide su labor pedagógica y su creación dramatúrgica. “Ambas esferas se alimentan mutuamente en una red creativa. De las comunidades con las que trabajo saco material y experiencias para las obras, y a la vez con ellas exploramos nuevos referentes y formas de creación colectiva”, comenta.

Explorando los abismos de la condición humana

El dramaturgo Sebastián Illera Sarmiento, director teatral con más de 20 años de trayectoria, fue reconocido por su obra “Bastaría decir”, pieza caracterizada por una audaz experimentación con los lenguajes de la dramaturgia, que juega con las acotaciones, los pictogramas y la disposición visual de letras y palabras para crear figuras en el papel.

Y es aquí donde la innovación formal sirve a una profunda paradoja dramática, pues la obra cuenta la historia de un personaje que, como entidad, es consciente de su condición de personaje. Su existencia depende solo de su capacidad de narrar una historia terrible que debe contar, pero es precisamente esa historia trágica la que lo constituye y lo condena a existir. Aprovechando este dispositivo, el director aborda temas crudos y sociales como el abuso infantil, sumergiéndose en lo que él denomina como “ese lado oscuro de la humanidad”.

“Es la historia de un personaje que se sabe personaje y que vive en una paradoja muy particular: su única manera de existir es contando la historia terrible que debe narrar. Sin embargo, si no tuviera esa historia que contar, no existiría”, detalla el director.

A diferencia de una dramaturgia explícitamente politizada, el director prefiere enfocarse en “las pasiones humanas” y en personajes “quebrados” de entornos urbanos. Para él, todo acto artístico es político, pero su obra busca la reflexión social a través del tamiz de la condición humana individual, de sus fracturas y sus destinos silenciados.


La disciplina del oficio

El hilo conductor más evidente entre estos dos artistas es su paso por la Maestría en Escrituras Creativas de la UNAL. Ambos reconocen que su paso por la Institución les permitió afinar su disciplina y ampliar sus horizontes creativos. Para el director Illera, el logro compartido es un motivo de orgullo y una validación del programa: “más que un sello, lo que hace la Universidad con su Maestría es promover la escritura y que los escritores se inquieten por el ejercicio de escribir. Pienso que lo que más fomenta es el oficio y la disciplina”.

Esta formación, que privilegia el rigor sobre la inspiración casual, les proporcionó las herramientas para enfrentar proyectos de gran complejidad estructural y emocional. “Malacaña” y “Bastaría decir” son, en esencia, resultados de un proceso de escritura consciente, revisado y profundizado, que va más allá del primer impulso creativo.

Así, en un país que constantemente busca narrarse a sí mismo, las obras de estos dos egresados de la UNAL ofrecen dos visiones poderosas: una que invita a mirar las luchas colectivas y la memoria del territorio, y otra que se sumerge en los abismos íntimos del ser. “Este doble triunfo reafirma que la dramaturgia colombiana tiene historias necesarias que contar”, comenta el director Illera, y él las escribe con maestría, audacia, y un profundo sentido de responsabilidad con su oficio y con su tiempo.

 



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