De Inírida a la UNAL, sociólogo convierte su formación en obra literaria

 El sueño de estudiar en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) comenzó en Inírida (Guainía) en una casa llena de libros, y hoy se materializa en una obra literaria que recorre territorios, memorias y experiencias de vida. La historia del escritor Manaes Amaya Perea, sociólogo de la UNAL, refleja cómo la educación pública puede transformar trayectorias personales y fortalecer el vínculo con las regiones.

Ese camino empezó en la infancia, en un entorno en el que la lectura formaba parte de la vida cotidiana, pues su padre —el escritor araucano Umberto Amaya— llevaba libros a casa, mientras que su madre, formada en Artes en la UNAL, impulsaba el hábito de leer entre sus hijos. Allí tomó forma una idea que con el tiempo se volvió certeza: estudiar en la Universidad Nacional.

“Sabía que iba a estudiar en esa universidad sí o sí”, recuerda el sociólogo Amaya, quien en 2006 inició su camino académico en la Institución. Aunque comenzó en Filología, el contacto con distintas realidades sociales lo llevó a replantear su rumbo y orientarse hacia la Sociología, disciplina que le permitió conectar su interés por las historias con la comprensión de los territorios y las comunidades.

Durante su paso por la Universidad encontró un espacio de diálogo entre saberes y experiencias diversas que le permitió construir una mirada crítica sobre el país y sobre su propia región, la Orinoquia. Se graduó como Sociólogo en marzo de 2017.

El acompañamiento de docentes fue determinante en su proceso. Recuerda especialmente a las profesoras Clemencia Tejeiro y Patricia Rodríguez, quienes fortalecieron su confianza y motivaron su escritura. Una actividad académica —escribir una carta dirigida a su hermano sobre un futuro ficticio— terminó convirtiéndose en un punto de partida que hoy dialoga con su obra literaria.

“Para mí la UNAL representa una oportunidad concreta de acceso al conocimiento y de servicio a la sociedad. La formación recibida me permitió comprender mejor los territorios y trabajar con ellos desde una perspectiva crítica y comprometida”, comenta el escritor Amaya.

Dos caminos que se encuentran

Esa formación se convirtió en la base de su trabajo académico, investigativo y creativo. Sus primeros textos los publicó en el periódico El Regional de Guainía, creado por él mismo, una experiencia que le permitió abrirse camino y construir una relación directa con los lectores.

“La UNAL tiene un sentido obrero; es decir, los profesionales salimos a trabajar, a servir, y a construir sociedad desde nuestras áreas”, afirma.

Desde entonces ha construido una obra que aborda temas como la identidad, la vida en los territorios, las comunidades indígenas, la minería, la pobreza y la violencia urbana, explorando las dinámicas sociales a través de la literatura.

En 2021 publicó Personajes; en 2023, Cuentos de monte y de cemento; en 2024, Relatos del fogón y el poemario Cuando florece (publicado en formato digital en 2026). Este año presenta Diez cuentos zoociológicos, su cuarta obra en formato físico, resultado de un proceso creativo que ha crecido de la mano de su trayectoria profesional.

Su interés por los territorios también lo llevó a vincularse como estudiante auxiliar a proyectos de investigación sobre minería y sociedad en la Orinoquia, en el Grupo de Estudios en Geología Económica y Mineralogía Aplicada (Gegema), en donde fortaleció su formación metodológica y su comprensión de las dinámicas sociales asociadas con esta actividad.

Esa experiencia investigativa se ha convertido en un insumo clave para su escritura, que sigue explorando estos temas y proyectándolos en futuros trabajos literarios.


Un regreso al territorio

La presentación de su libro más reciente, Diez cuentos zoociológicos, se realizó en Bogotá el pasado 10 de abril. Sin embargo, el lanzamiento oficial se llevará a cabo este 30 de abril en Inírida, su lugar de origen. “Es donde está mi casa, mi gente y quienes han confiado en mí”, afirma.

Además de la presentación, ha impulsado conversatorios y clubes de lectura como una forma de fortalecer la comunidad lectora en la región y generar espacios de encuentro alrededor de los libros.

Su historia se convierte en una invitación directa para los jóvenes de la Orinoquia: acceder a la educación superior pública es posible, y hoy la UNAL ofrece esa oportunidad sin necesidad de salir del territorio, a través de la Sede Orinoquia.

La presencia de la Institución en la región permite que los estudiantes inicien su formación cerca de sus comunidades, con una educación que articula conocimiento, territorio y compromiso social.

Así, trayectorias como la de Manaes Amaya hablan no solo de logros individuales sino también de las posibilidades que se abren cuando la educación pública llega a los territorios.

 




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