Entre grabados de Rembrandt y esculturas clásicas, la UNAL protege un patrimonio artístico único

 Obras inspiradas en artistas como Rembrandt, Durero y Leonardo da Vinci se siguen exhibiendo y conservando en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), en donde estudiantes y visitantes pueden recorrer casi un siglo de memoria artística sin salir de Bogotá.

Entre las compilaciones custodiadas por la UNAL se destaca la Colección Pizano, uno de los patrimonios artísticos y pedagógicos más importantes del país desde 1930.

Actualmente parte de estas obras se pueden ver en espacios como la Biblioteca Central Gabriel García Márquez de la UNAL, en donde los estudiantes y visitantes se encuentran cara a cara con reproducciones que marcaron la historia universal del arte. Otras piezas permanecen bajo estrictas condiciones de almacenamiento y monitoreo para garantizar su conservación a largo plazo.

La Colección Pizano reúne más de 242 reproducciones en yeso de esculturas inspiradas en culturas como las de Egipto, Asiria, Persia, Grecia y Roma, además de más de 1.600 grabados de maestros como Durero, Piranesi, Rigaud, Callot y Rembrandt.

Muchas de estas piezas fueron elaboradas a partir de moldes y planchas originales conservadas en museos y calcografías europeas, lo que les permite conservar una notable fidelidad en detalles, proporciones y texturas.

“La Colección cumple con los estándares técnicos de conservación exigidos para archivos patrimoniales”, explica la museóloga Diana Pérez, jefa de la División de Museos de la UNAL.

Según la experta, las piezas están en condiciones específicas de iluminación, ventilación y control de humedad y temperatura para evitar el deterioro de materiales tan delicados como el yeso y el papel.

“La Universidad cumple con las normas bibliográficas definidas por la Biblioteca Nacional de Colombia, así como con las disposiciones archivísticas establecidas en la Ley General de Archivos”, señala.

Las ventanas de la Biblioteca, en donde se encuentran la mayoría de las esculturas, poseen películas especiales para filtrar la luz solar directa, mientras que la circulación permanente del aire impide la acumulación de humedad.

Además, tras la restauración del edificio se incorporaron materiales y estructuras que reducen el riesgo de filtraciones y cambios bruscos de temperatura, dos de los principales enemigos de estas piezas.

Profesionales especializados en patrimonio monitorean constantemente el estado de las obras y realizan procesos de conservación preventiva para evitar daños futuros.

La UNAL ofrece programas académicos como la Maestría en Conservación del Patrimonio, desde donde se fortalecen los procesos técnicos relacionados con el cuidado de estos bienes culturales.

“Es importante entender que conservar no es lo mismo que restaurar. Aquí no estamos reparando piezas destruidas, sino evitando que se deterioren. Para eso se limpia el polvo, se rotan las piezas exhibidas, se controla la incidencia de la luz y se hace un seguimiento permanente a cada obra, un proceso para el que no se necesitan miles de millones de pesos”, explica la funcionaria.

La experta añade que “otro de los valores de la Colección es que cuenta con un completo registro digital, elaborado por la Dirección de Patrimonio Cultural de la UNAL, algo que todavía no tienen numerosas colecciones patrimoniales del país, lo que demuestra el interés de la Universidad por divulgar y apropiarse de su patrimonio.

Un legado que sigue vivo

La historia de esta Colección comenzó en la década de 1920, cuando el artista colombiano Roberto Pizano soñó con transformar la enseñanza del arte en el país. Después de estudiar en Europa y recorrer grandes museos y academias, propuso traer a Colombia reproducciones exactas de algunas de las obras más importantes de la humanidad para que estudiantes y ciudadanos pudieran estudiarlas sin viajar al exterior.

En una época en la que muy pocos colombianos podían acceder a las grandes colecciones europeas, la propuesta buscaba acercar el patrimonio artístico universal a la formación de artistas y al público en general. Las reproducciones no eran vistas como simples copias, sino como herramientas pedagógicas fundamentales para estudiar proporciones, técnicas, estilos y composición.

Las piezas llegaron a Bogotá en medio de muchas dificultades, e incluso varias se dañaron durante el viaje trasatlántico. Sin embargo, se restauraron y exhibieron por primera vez en 1930 bajo el nombre de Museo de Reproducciones Artísticas. Desde entonces sobrevivieron a mudanzas, décadas de abandono y hasta los efectos del sismo de 1994.

Durante varias décadas la Colección pasó por distintos edificios de Bogotá, entre ellos conventos, bibliotecas y antiguas sedes de la Escuela de Bellas Artes. Algunas piezas permanecieron almacenadas durante años y otras sufrieron deterioros provocados por la humedad y las limitaciones de almacenamiento propias de una época en la que la restauración y la conservación todavía no existían como disciplinas especializadas en Colombia.

Entre las esculturas más emblemáticas que inspiraron la Colección Pizano se encuentran obras fundamentales del arte clásico como la Venus de Milo, el Safo de Lesbos y La dama de las primípulas, piezas que condensan los ideales de proporción, movimiento y dramatismo propios de la Antigüedad grecorromana. A ellas se suman referencias al arte funerario egipcio y a la escultura renacentista italiana, que consolidan el recorrido histórico propuesto para la enseñanza del arte.

Hoy, casi un siglo después, la Colección Pizano no solo permanece en pie, sino que además fue reconocida en 2003 como Bien de Interés Cultural de la Nación, consolidándose como una memoria viva de la historia del arte y de la formación artística en Colombia.













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