Universidad Nacional de Colombia gana concurso internacional de arquitectura

 Un equipo de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), la Fundación Cerros de Bogotá, y arquitectas de la Universidad de los Andes y la Pontificia Universidad Javeriana, ganó en la categoría de obra nueva en contexto rural del “Concurso de ideas para el diseño de espacios de aprendizaje”, organizado por el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) y la Federación Panamericana de Asociaciones de Arquitectos (FPAA).

El concurso, realizado en Buenos Aires, buscaba promover propuestas arquitectónicas innovadoras en consonancia con el estado del arte en el campo de la educación, desde un abordaje centrado en el aprendizaje de las y los estudiantes.

Dicho certamen contó con 75 producciones presentadas y habilitadas para competir en las siguientes cuatro categorías: Obra nueva en contexto urbano; Reforma o ampliación en contexto urbano; Obra nueva en contexto rural; y Reforma o ampliación en contexto rural.

En la categoría de obra nueva en contexto rural, la propuesta ganadora fue “Escuela Ecosistema”, cuya autora es la arquitecta y paisajista Diana Wiesner Ceballos, en colaboración con los estudiantes de arquitectura de la UNAL, Christian Camilo Chavarro, María José García Fierro, María José Loaiza Coronado y Paula Morales Arévalo; así como la arquitecta de la Universidad de Los Andes, Manuela Silva Orozco; y María Catalina Ruiz Hoyos, arquitecta de la Pontificia Universidad Javeriana.

Desde la Escuela de Arquitectura de la UNAL, los estudiantes Chavarro, García Fierro y Loaiza Coronado llegaron, en el primer semestre de este año, a la Fundación Cerros de Bogotá para cursar su práctica profesional y trabajar con la paisajista y arquitecta Diana Wiesner, autora de la propuesta. Esta surgió del trabajo que venía realizando la Fundación con cátedras de educación ambiental en la Reserva Horizontes, en el Santuario de las Mollas, dentro de los Cerros de Bogotá.

La Escuela de Arquitectura de la UNAL hace posible este tipo de experiencias al designar a un profesor para dirigir y supervisar cada práctica, en este caso la profesora Diana Esperanza Quimbayo, de modo que el paso de sus estudiantes por espacios externos, como la Fundación Cerros de Bogotá, cuenta con el respectivo seguimiento académico para que las prácticas sean un espacio articulado de experiencias reales antes de graduarse.

Una escuela que se apoya en la montaña

“Escuela Ecosistema” es un modelo de aprendizaje multigeneracional que traslada la enseñanza del aula hacia el territorio. El paisaje mismo se convierte en la infraestructura pedagógica. El suelo, el agua, la vegetación y el clima dejan de ser un telón de fondo para volverse el contenido de la formación, mientras un vivero funciona como centro de cultivo y de aprendizaje simultáneo.

No hay alumnos ni jerarquías etarias, sino participantes de todas las edades que construyen conocimiento en colectivo: los niños exploran y juegan, los adultos mayores transmiten oficios y memoria, y el saber circula sin un único centro de enseñanza. El juego, especialmente en la primera infancia, no es recreo sino método para reconocer el territorio y medir el riesgo, y el error se entiende como parte necesaria del aprendizaje.

Por su parte, el agua se hace visible en vez de ocultarse en tuberías; se capta, se conduce y se almacena a la vista, convertida en guía y en lenguaje del territorio. El espacio construido —una red de microespacios flexibles, sin aulas cerradas— se resuelve con un módulo de madera comercial, cortado en medidas estandarizadas para facilitar su montaje y transporte, pensado como un sistema replicable y no como un edificio cerrado.

El proyecto se concibe como un prototipo vivo, capaz de adaptarse a distintos territorios rurales y climas sin perder sus principios, y se plantea no como algo que se inaugura, sino como una infraestructura mínima que hace visible una dinámica de aprendizaje comunitario que, según sus autores, ya existe en el territorio.

El jurado destacó que la propuesta es innovadora porque se implanta con coherencia en una ladera andina, condición común a buena parte de la cordillera; prioriza el espacio exterior como el verdadero centro del aprendizaje, dejando el edificio como un simple complemento ante la intemperie; y plantea un modelo multigeneracional que elimina las jerarquías por edad. Su diseño, además, podría adaptarse a distintos climas altitudinales, lo que lo hace replicable en gran parte del territorio andino.

Para la estructura, el equipo diseñó un módulo principal replicable en madera comercial, con piezas de hasta 3,20 metros, para facilitar la consecución del material y su transporte. Se piensa como un edificio palafítico que se pueda posar en cualquier territorio, con tres alternativas de envolvente para climas frío, templado y cálido.

Sobre el agua y los demás procesos naturales que aparecen en los renders, el equipo enfatiza que no se trata de elementos añadidos, sino componentes que ya son visibles en el territorio, como las corrientes de agua o los procesos naturales que ya ocurren en los Cerros de Bogotá. Se hicieron un poco más visibles estos procesos que ya existían en el entorno, mediante senderos y claros dentro del bosque.

“Escuela Ecosistema propone entender la escuela no como un edificio aislado, sino como un ecosistema de aprendizaje, donde arquitectura, paisaje, biodiversidad, comunidad y territorio hacen parte de una misma experiencia”, explica la paisajista Wiesner, directora de la Fundación Cerros de Bogotá.

Añade que, “desde lo pedagógico, partimos de una idea fundamental: el territorio enseña más que aprender sobre el territorio. No se trata solamente de transmitir conocimientos acerca de la biodiversidad, el agua o los ecosistemas, sino de aprender directamente de sus relaciones, sus ciclos, sus tiempos y sus transformaciones. Observar, recorrer, cuidar, restaurar, sembrar, escuchar y relacionarse con el lugar son también formas de conocimiento”.

“El programa del edificio se vuelca más hacia la montaña. A medida que se va subiendo por ella se plantean claros y espacios que funcionan como espacios educativos”, asegura el estudiante de la UNAL, Camilo Chavarro.

Respecto a otros referentes que se parezcan a esta propuesta, agrega que existen modelos conceptuales educativos que parten de esta base, pero una escuela que vuelque sus actividades curriculares hacia elementos naturales como lo que planteamos en los Cerros de Bogotá no la hemos encontrado a ese nivel.

A su vez, la arquitecta Wiesner expresa que, “Latinoamérica tiene las condiciones para desarrollar modelos propios, profundamente vinculados a sus territorios. Lo que necesitamos es reconocer que la naturaleza no es el escenario donde ocurre la educación: es parte activa del proceso educativo. En últimas, Escuela Ecosistema plantea una pregunta sencilla pero profunda: ¿qué pasaría si en lugar de llevar el aprendizaje al territorio, diseñáramos escuelas donde el territorio mismo fuera quien enseñara?”.

Por último, ganar no fue el final del proceso, sino el inicio de otro. El premio vino con el compromiso de ajustar la propuesta para hacerla más replicable, algo que el equipo ya resolvió con variaciones de envolvente para distintos climas. Ahora trabajan, junto con la paisajista Wiesner, en adaptar el diseño a un lote real de la Reserva Horizontes, en el Santuario de las Mollas. Solo después de ese ajuste empezarán a buscar financiación para construir la escuela, así que todavía no hay fecha para verla en pie.






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